Hoy es 8 de marzo.
No es un día de flores ni de felicitaciones. Es un día de memoria, de rabia, de resistencia… y también de esperanza.
Para mí, escribir también es un acto de resistencia. Las historias que escribimos y leemos importan. Importan porque en ellas viven mujeres valientes, imperfectas, fuertes, heridas, soñadoras… mujeres que existen más allá de los estereotipos.
Escribo sobre mujeres que aman sin pedir permiso, que defienden su voz incluso cuando el mundo intenta silenciarlas. Mujeres que cargan cicatrices, historia y sueños. Mujeres que no siempre ganan, pero que jamás dejan de pelear por su lugar en el mundo.
Hoy quiero agradecer a quienes leen mis historias y entienden que detrás de cada palabra hay una intención: contar historias donde las mujeres no son solo un adorno en la trama, sino el fuego que la enciende.
Que nuestras voces sigan creciendo.
Que nuestras historias sigan siendo contadas.
Y que nunca olvidemos que la lucha por un mundo más justo también se escribe.
Las quiero a todas a ustedes y de corazón se los digo: Yo sí te creo. Si llegan a necesitar algo, no duden en buscarme.