Nada.
No siento nada. Realmente no puedo.
Siempre estoy malgastando mis días en el suave pelaje de la pereza, aunque busqué una excusa, es imposible tapar el sol con un dedo.
Aunque tampoco encuentro una razón para levantarme, apenas limpio mi habitación, porque soy perezosa supongo.
¿Qué tan patético es llorar con tan solo el pensamiento de abandonar mi cama? Es la misma cama con imágenes de princesas que tengo desde los seis años, es muy tonto tenerle cariño a una objetó material.
Ni siquiera me cepillo los dientes, estoy segura que es pereza, aunque mis amigas dicen que mis dientes son lindos, no encuentro la motivación ni para eso.
Antes era inteligente, ¿qué me pasó? La felicidad de ser ignorante es falsa y uno sabe bien que debe afrontarse a la realidad tarde o temprano.
Me consuela un poco las cosas dulces y la música o el ruido, el ruido no deja que escuche lo que quiero ignorar.
No quiero pasar el resto de mis días con una vida que odié, con las lamentaciones de lo que pude haber sido, tengo miedo de olvidar todo lo que hice con tanto cariño.
¿Qué será de mi cuando me toqué estar allá afuera?