Una ola de miseria se me lleva por delante,
Ya no sé si podré recuperarme,
Pero al fondo de ese pasillo que me tiene presa, veo una luz, un destello que es más hermoso que el lugar más etéreo que existe,
Un destello marrón, un marrón precioso, un marrón que siento calidez al mirar, el marrón más delicado que alguna vez mis devastados ojos pudieron observar.
Me acerqué arrastrandome, deseando un alivio para mi dolor, el cual paralizaba mis extremidades, encontrandote a tí, que me tendías la mano, haciendo que comenzara a verte como una deidad,
Una deidad que al ver sus ojos, esa inefable sensación de calidez volviera a mi pecho, atando cabos llegué a una conclusión.
Esa luz definitivamente eran tus ojos marrones, esos ojos que por sí solos emiten luz, una luz inigualable, una luz que pensaba que sólo existía en una realidad paralela,
Fue esa la primera vez que me paralizaste, esta vez de una buena manera, una manera que simplemente se sentía bien.
A día de hoy, mi corazón es de color azul, un azul oscuro, un corazón que te pertenece a tí, un corazón noble que estará para tí hasta el día que deje de latir.
Te amo de aquí a la luna, a pasitos de tortuga,
Mena.