— ¡Cada cosa reparada, yo la vengo a destrozarla! — diría el Gremlin francés con una llave inglesa en su mano.
Sin permiso alguno, entró a la casa para después destrozar las tuberías de agua, arrancar los cables de luz y romper las ventanas que estuviesen visibles — ¡Larga vida a la reina Hortensia! — anunciaría a lo alto y con orgullo para después irse del sitio.