Ser adolescente es vivir en una constante paranoia del que será y del que haré, pero, ante todo, del por qué. Como cenizas que se preguntan de dónde vienen y adónde irán, para que, inevitablemente, acaben todos y cada uno de sus míseros e insignificantes átomos juntos, sin rechistar sin objeción alguna, siguiendo una misma brisa que invisible pacta su destino yendo a la misma sintonía y siguiendo un camino ya marcado incluso antes de la ceniza hubiera sido consciente de sí misma
(Sí, he sido humillada por mi misma. Sí, como 7 veces en lo que llevo respirando (x desgracia). Sí, me atormenta por las noches. Sí, la paranoia la llevo pq soy demasiado susceptible a lo que aquellas veces hayan dado una imagen de mi errónea a los demás. Sí, tengo que buscar un trabajo, joder)