👀 ¡NUEVO CAPÍTULO! 👀
✨CAPÍTULO 14✨
Lev abrió la puerta trasera de la camioneta blindada y la sostuvo para que Alma entrara.
Ella estaba a punto de subir al auto y antes de hacerlo, levantó la vista por última vez, como si se estuviera despidiendo de su ciudad.
Fue allí cuando lo vio.
Teo, el hombre que amaba, estaba al otro lado de la calle.
No cruzó. No gritó. Solo la miró fijamente, y el golpe de su mirada le llegó al pecho con tanta fuerza que, por un segundo, pensó en salir corriendo hacia él.
Él se llevó el teléfono a la oreja y el de ella vibró en el bolso. No contestó. Sabía que si lo hacía, no se iría a Moscú.
Apretó la mandíbula con fuerza para evitar llorar y se metió al auto rápidamente.
Lev cerró la puerta tras de ellos.
Un silencio pesado e incómodo se apoderó por completo del auto.
—Si quieres despedirte de él —dijo lev en voz baja. —Yo espero.
Alma sintió un nudo en la garganta. Observó su rostro sorprendida, tratando de buscar en su expresión un rastro de sarcasmo o de enojo. Pero lo único que encontró fue sinceridad. La veía con empatía.
—Si quieres que vaya contigo a Moscú—dijo ella, conteniendo las lágrimas—, no puedo despedirme.
Lev asintió. Aunque trataba de entender su situación, no podía simpatizar con sus sentimientos, porque de alguna manera, le alegraba que no se despidiera de él. El no confiaba en Teo, en lo más mínimo.
Lev dio una orden al conductor en ruso y arrancaron de camino al aeropuerto.
Alma sabía muy dentro de sí que su vida no sería la misma.