— ¿Es un adiós acaso?
Preguntó ella, con una sonrisa que endulzaria hasta el mismo salitre de las paredes.
— Podría decirte que no, podría mentirte y decir un hasta pronto. Pero nunca lo haría, mucho pensaría tenerte en la mira.
— ¿Entonces que hago ahora? Interrumpiste en mi vida, como si fuera tu casa, dejaste todo desordenado y ahora, ya no se cómo vivirla
Me preguntó porque me diría eso, cuando fue ella quien hizo lo mismo, incluso podría decir que es ella la responsable de todo esto.
Pero me estaría mintiendo.
— Solo vive. Creo que no puedes hacer algo más que eso.
— ¿Y esperas que lo acepte como si nada? Que hago con todo esté amor que se derrama por mis manos, piensas solo irte sin reparar los daños.
— ...
Quería decir algo, pero es verdad. Ella siempre tenía la razón, incluso cuando yo creía que no. Vivimos con esa lucha, por ver quien tenía la razón, pero creo que las cosas no se dieron de la mejor manera.
Y al igual que ella, yo tampoco salgo invicto de esta pelea.
— Perdón...
— ¿Pides perdón? ¿Porque?
— Debí pensar en ti, en como te sentirías y el como reaccionarias. Fui un insensible, ingrato e idiota. Nunca reparo en lo que hago, y mucho menos lo hice contigo, tan solo esperaba que todo pasara. Que tanto tu cómo yo, pasáramos de página y recordemos todos estos momentos, como simples anécdotas que contamos una noche de viernes en algún bar de mala muerte, mientras una señorita o un caballero en tu caso, tratara de seducirnos
— Deseo odiarte, deseo con tantas ganas odiarte para poder olvidarte.
Y con esas palabras, asoto la puerta antes de irse, tumbando consigo el cuadro que hace dos semanas me regaló.
Creo que nunca la podré olvidar. Y espero no hacerlo.