Prometo no volver a soltarme la mano.
Prometo hablarme como le hablaría a alguien que amo,
con paciencia de amanecer y ternura de lluvia lenta.
Prometo no castigarme por sentir demasiado,
porque mi sensibilidad no es una herida: es mi forma de iluminar.
Prometo no exigirme perfección,
solo verdad.
Solo avanzar un poco, respirar un poco,
y si caigo, caer en blando.
Prometo escuchar a mi alma antes que a cualquier ruido externo,
y recordarme, aun en mis noches más densas,
que merezco descanso, compañía y calma.
Que merezco quedarme conmigo.
Prometo no abandonarme nunca más.
Porque si no traiciono a quienes amo,
menos voy a traicionarme a mí misma.
Hoy me abrazo.
Suave, lento, sin reproches.
Me guardo, me cuido, me vuelvo hogar.