Este cuento se lo dedico a una chica muy especial, aquella que puede crear magia con el pensamiento y edificar obras de arte con sus manos. A mi querida Carmen.
PARTE 1
Esa es la historia de un viejo hombre que navegó por todo el mar... Aquel bárbaro aventurero era visto por todo el mundo como el conquistador de paraísos, el masacrador de cocinas, pues se decía que probaba cada manjar exquisito de las tierras que tocaban a su barco y sin embargo ningún distinguido platillo pudo calmar el apetito insaciable del hombre. Oh aquel visto con barbarie, parecía transicionar de un refinado aristócrata a la hora de degustar el plato más sublime a un guerrero mal nacido por no poder ser satisfecho a su exigente paladar.
Se dice que acabó con países y aldeas por igual, sin embargo, un día como cualquier otro en alta mar; una gaviota negra se posó sobre su mano recitando un mensaje esperanzador para el viajero de cruzada impetuosa. "Yo miro a todo el mundo con un simple aleteo, y oh mi amigo, no he visto a una criatura más infame que tú." El bárbaro no se inmutó por las amenazas del ave, tomó su espada y la poso sobre el negruzco plumaje del animal a la espera de escuchar súplicas y disculpas. "Buscas el alimento que solo los dioses pueden tener, pobre de tí que solo eres un hombre. Pues estás maldito a qué cada uno de tus bocados sean insípidos y vacíos." Harto de escuchar las ofensas del ave, el hombre empuñó con enojo su filo hasta degollar al animal y cargar su cabeza como un niño sosteniendo una nuez.
"No paras de darme la razón." Parloteo la gaviota, rodando su cabeza sobre la mano del bárbaro. "Debes estar de buena fortuna, hay un mortal, hijo de esta tierra como lo eres tú. Se dice que es la única persona que ha alimentado banquetes de dioses con un solo cordero y un árbol de frutas. Vive en un monasterio, en la isla del fin del mundo. Pero ten cuidado, porque solo los seres celestiales son signos de probar lo que su mano sirve."