Se habían quedado solos en aquella gran casa que antes se escuchaba risas y peleas de niños, pues, ahora se habían quedado ellos dos juntos.
Frente a ellos habían unas galletas, pero cada galleta ya estaba dirigido para cada uno y divido en un plato apartado para el hombre y otro para la mujer aunque no eran sólo galletas, tenían un poco de magia algo que invertiera su género.
Después de unos momentos ambos decidieron comer las galletas aunque no hizo efecto de inmediato solo suspiraron aliviados y fueron a hacer los quehaceres del hogar hasta que ya se había hecho de noche y cuando el hombre entró, pues, ya no era hombre si no una mujer.
— ¿¡Shieda?! — exclamó ella con total sorpresa y confusión en su voz.