Hoy no vengo a hablar de historias, sino de una realidad que me tiene el corazón apretado.
Como muchos han notado, he estado un poco ausente por aquí. Y aunque vivo fuera de Venezuela, hay algo que nunca cambia: mi corazón sigue estando con mi país.
Ver las noticias sobre los terremotos me ha removido por completo. Pensar en las familias que sintieron el miedo, en quienes hoy están preocupados por sus seres queridos o por sus hogares, duele muchísimo.
Sé que entre ustedes hay muchas lectoras venezolanas. Quiero que sepan que las tengo presentes en mis oraciones y en mis pensamientos. Espero de todo corazón que ustedes y sus familias estén bien.
A veces la distancia hace que uno se sienta impotente, pero jamás indiferente. Venezuela sigue siendo mi hogar, y cuando ella sufre, una parte de mí también.
Gracias por comprender mi ausencia estos días. Pronto volveré con nuestras historias, pero hoy solo quería abrazarlas con estas palabras y decirles que no están solas.
Que Dios proteja a cada familia, fortalezca a quienes tienen miedo y traiga paz en medio de la incertidumbre.