Pequeño adelanto de EPAND: La figura se detuvo frente a ellas, erguida, con una calma que solo hacía más evidente la tensión. Su voz, cuando habló, resonó grave, profunda, con un eco que mezclaba fastidio y curiosidad.
—Vaya… esto sí que es un desperdicio de milagros.
Irina frunció el ceño. —¿Qué… qué quieres decir con eso?
La mujer observó las armas que ambas portaban, su mirada se tornó afilada, cargada de incredulidad.
—Dos fragmentos… —susurró apenas, más para sí misma que para ellas—. Dos partes de algo que jamás debió ser dividido.
El silencio cayó como un peso entre las tres. Solo el zumbido lejano del viento se escuchaba, rozando los ventanales rotos.
—¿Quién eres? —preguntó Xenovia con firmeza, sosteniendo la empuñadura de su espada—. ¿Y cómo sabes eso?
La mujer rió, apenas un sonido amargo que resonó con cierto desdén. —Me sorprende que aún pregunten. La Iglesia sigue enviando a sus hijas a morir sin entender nada… —sus palabras destilaban ironía, pero también una rabia contenida, antigua—. La arrogancia y la ignorancia siempre han sido su sello.
Irina dio un paso adelante, desafiante. —Cuidado con cómo hablas de la Iglesia.