Sonrió de lado, había ansiado tanto el verlo de nuevo, aquellas tres semanas se le hicieron eternas lejos de él.
Su sonrisa se ensanchó aun más al levantar las cobijas y encontrar aquel lienzo en blanco que era su novio, abrazado a su almohada. El descarado se había divertido aquella noche sin él, eso era ilegalisimo.
De cero a cien, en cero coma podía ponerlo su chiqui sin mayor esfuerzo. Se quitó sus propias prendas y se adentró entre las cobijas.
-Rub- llamó bajito en su oído- chiqui- insistió mientras el nombrado se giraba aún abrazado a la almohada de Samuel.
-Llegaste Samu- sonrió adormilado.
-Si, llegué- susurró poniéndose sobre él, aprisionandolo contra el colchón con sus brazos.
El beso fue lento, como cada vez que las noches se encendían.
-¿Por qué abrazas tanto mí almohada?-.
-Huele a ti- respondió hundiendo aún más tu rostro en dicho objeto.
El azabache tiró suave de ella, aún ante las quejas de Rubén, tomó una de las manos del castaño y la puso en su cintura.