Elogio a la muerte.
Hoy pude apreciar de nuevo tu rostro, fue de lejos donde te observé por un buen rato, como si de mil cosas que todos podían ver yo te pude distinguir entre todo, sonríes. Esa sonrisa que un día me llenaba de entusiasmo hoy en es el fruto de mi locura, quise ir y abrazarte, pero si de abrazarte fuese una sentencia, condenaría mi alma a miles de condenas, aún así no es lo más prudente.
No nos detuvimos a quitar de nuestras cabezas la idea de amar sin consecuencias, nos importaba el sentimiento por sobre nuestras responsabilidades, nos amamos de una forma tan poderosa que no pudimos sostenernos. Nos golpea la realidad y no caemos en cuenta, ignorantes no pensamos con franqueza, y un día llegan los problemas.
¿En qué momento debemos decidir si amar sin medida o arriesgar un poco y contraer otra herida? No lo sé, idea que nunca me planté o si quiera imaginé, fuiste tu quien se puso primero antes que nosotros, admiro tu determinación por soltarme sin mirar atrás, desearía tener la voluntad que tuviste para amarte más a tí que lo que sea que tuvimos. Quizás pudimos hacer más, pero ya no importa, ¿Que más da?
Ya no me cuestiono que hice mal, ya no regreso a voltear lo que se puede arreglar. No significa que lo olvidé, no significa que no te extraño, todo lo contrario ví tu sonrisa y volví a sentir aquella sensación dentro de mi, pero está vez con el seño fruncido volví a morir.
No todo se debe hacer por amor, a veces tenemos que sacrificar el amor por qué debemos hacer, y tirarlo todo para no arrepentirnos y sacrificar lo que no podemos conseguir. Quizás tú lo ves así, pero donde tú me ves, yo lo habría dado todo por tí.
La lluvia cayó, tú te habías ido, pero yo seguía viéndote. Tal vez estoy loco o solo quiero seguir muriendo en este lugar, quizás todo lo que fuimos fue el cementerio donde me voy a quedar.