Dear Ella:
He escrito esta pseudo carta en la inesperada mezcla de mi felicidad y tristeza. Prometo que no fue escrita con una mano manipuladora, sino con un corazón y una mente agradecida por tu talento.
No pretendo hacerte propietaria de una obligación con una historia que te compete solo a ti, pero si pretendo hacerte responsable de mis más profundas dificultades
Me encuentro en un agujero del que no he podido salir desde que encontré a Emma y Sophia. Todo lo que leo se me hace tedioso, insatisfactorio, vacío. Nada me llena, nada tiene color, nada son ellas. Mi corazón corre en la búsqueda de ese sentimiento que solo me recorre al reconocer a Emma en Sophia, y a Sophia en Emma. Me has arruinado, no puedo leer algo sin la necesidad de volver a ellas y sentirme como la primera vez que te leí. No puedo terminar un libro y pensar en todas las cosas que aún le faltan a Emma por decir, o las cosas que le faltan a Sophia por hacer. No paro de pensar en como será el momento en que Toni se dé cuenta que su transversal cagada; si Lucas se queda con su merecido puesto o no; si Phillip y Natasha hicieron de Emma y Sophia unas cool aunts en todo su esplendor; de cómo les fue en Miami; de como le fue a Emma con Parsons durante los 10 días de tortura en Oceanía. Me hago mil preguntas, ninguna con respuesta. Mi imaginación, aunque a veces fantástica, no llegará jamás a la realidad que posiblemente ya le tenías planeadas a las italianas y compañía.
No escribo mas que para agradecerte por compartir tu mente con nosotros, por permitirme conocer a las dos mujeres que arruinaron la literatura para mí. Vivo ahora en la constante persecución del sentimiento que me regalaste sin saberlo.
Quiero extenderte mis deseos para que puedas conseguirte otra vez, o si ya lo hiciste, que sean para bendecir tu musa y puedas llegar a un final que te haga feliz, y por consiguiente a nosotros.
Por tu mente, por tu creatividad, por compartirnos a Emma, Sophia, Natasha y Phillip. Gracias