GOKU: EL ÚLTIMO HOMBRE
El viento soplaba sobre las ruinas del planeta Tierra. Las ciudades eran polvo, los mares estaban secos, y el cielo tenía un tono rojo que nunca antes se había visto. Goku flotaba sobre los escombros de lo que alguna vez fue su hogar, con el gi destrozado y la mirada perdida en el horizonte.
No quedaba nadie.
Ni humanos.
Ni saiyajins.
Ni siquiera dioses.
Todo había terminado tras la última gran batalla. Zeno había desaparecido, los ángeles se habían desvanecido, y el universo entero había colapsado sobre sí mismo. Solo Goku había resistido… su cuerpo sostenido por pura voluntad.
—Kakarotto… —susurró una voz débil en su mente—. No hay más enemigos que vencer.
Era la voz de Vegeta, un eco de su memoria. Goku cerró los ojos y sonrió apenas.
—No… aún queda uno —dijo mirando al cielo—. Yo mismo.
Durante años —o tal vez siglos—, Goku vagó por los restos del universo, buscando una forma de devolver la vida. Entrenó en silencio, perfeccionando su ki hasta niveles imposibles. Aprendió a fusionar su energía con la del cosmos, intentando encender una chispa que reanimara lo perdido.
Un día, mientras meditaba entre los restos de una galaxia muerta, sintió algo… un latido.
Era el universo, respondiendo.
La energía de todos los que alguna vez vivieron.
Entonces comprendió su destino.
Goku no debía salvar el universo.
Debía convertirse en el universo.
Reunió cada partícula de energía, cada recuerdo de sus amigos, cada batalla que alguna vez libró. La tierra tembló, el espacio se iluminó. Goku gritó con toda su fuerza:
—¡Por ustedes… por todos!
Y su cuerpo se desintegró en millones de luces, extendiéndose por cada rincón del vacío. De su sacrificio nacieron nuevas estrellas, nuevos mundos, nuevas vidas.
El universo renació…
y aunque nadie recordaba su nombre,
en cada amanecer, en cada alma,
una chispa de su espíritu seguía brillando