Estando en pleno examen se me ocurrieron tantas ideas para una historia que nadie lee, pero supongo que es una metáfora sínica de mí misma.
Tantas ideas y poco apoyo, pocas ganas. Cansancio de una vida que, si me preguntan, es un chiste mal contado. Tanto potencial y tan malos pasos dados.
¿Para qué seguir esforzándote?
Esa pregunta ha sido mi mantra últimamente, pero, a pesar de que la vida misma me grite que nada me sale bien, quiero que sobre mi lápida se escriba que lo intenté; que no me rendí por más que fracase.
Las historias son un buen desahogo para una mente que solo piensa en el descanso eterno, de parar esta agonía que me consume cada día al sentirme sobre arena movediza.
Tal vez, cuando ya no esté para disfrutarlo, mis ideas tomen forma. Morir como Van Gogh es poético, llamativo y aterrador.
Que irónico querer morir, pero no hacerlo sin antes vivir un poco. Sin antes volverme loca.
¿Muy retorcido? Pues que bien, dejar salir mis demonios nunca ha sido tan divertido.