“La vida vale mucho más que responder un mensaje.”
Vivimos tan conectados, que a veces olvidamos mirar lo que realmente importa.
Una notificación suena, vibra, parpadea… y sin pensarlo, bajamos la cabeza, apartamos la vista del camino.
Un segundo, eso basta. Un segundo para que todo cambie.
Creemos que nada pasará, que controlamos el momento,
pero la vida no espera a que termines de escribir.
No se detiene porque tengas algo “urgente” que responder.
Y mientras los dedos teclean, el mundo sigue girando, a veces demasiado rápido.
No hay mensaje que valga un golpe, un susto o una ausencia.
Nada en una pantalla tiene más valor que la vida que está justo frente a ti.
Así que, si alguna vez sientes la tentación de mirar el teléfono mientras caminas, conduces o pedaleas…
recuerda esto:
No hay respuesta que merezca que pongas en riesgo tu vida.