Hace un tiempo que no me he estado sintiendo bien, tanto física como emocionalmente. Hay días en los que vuelvo a sentir el pecho hundido y el corazón apretado, como si cargara un peso que no siempre sé explicar. Aun así, sigo adelante.
Hace poco terminó mi segunda relación. Terminamos en buenos términos y seguimos siendo amigos, y eso lo agradezco de corazón. Sin embargo, lo que más me dolió fue despedirme para siempre de alguien a quien consideraba un hermano. Era una amistad que valoraba muchísimo, alguien en quien tenía confianza, cariño y respeto. Él me dijo que no podía seguir por culpa de sus propios demonios internos. Lo entendí, pero no dejó de doler. Yo también tengo mis propios demonios, mis propias batallas, pero nunca quise usarlos como una excusa para abandonar a las personas que quiero.
A eso se suma la universidad. Mis notas no son las mejores y, aunque me esfuerzo, siento que no logro destacar. Veo a mis hermanas siendo felicitadas por mis padres por todo lo que han conseguido en taekwondo, y me alegra muchísimo por ellas. Pero, al mismo tiempo, no puedo evitar preguntarme cuándo llegará mi momento. Quiero destacar en algo, demostrarme que también soy capaz.
Supongo que por eso me identifico tanto con Zuko cuando era joven: perdido, frustrado y molesto consigo mismo, buscando su lugar en el mundo.
Pero, pese a todo, sigo levantándome cada día. Porque, como dijo Peter Parker: "No importa cuántas veces te derriben; lo importante es cuántas veces te levantas." La vida te entrega cosas hermosas, pero también puede arrebatártelas cuando menos lo esperas.
Antes quería ser como Spider-Man. Hoy quiero ser como Peter Parker: alguien que, aun roto, cansado y con miedo, decide seguir caminando y hacer lo correcto sin rendirse.
Tal vez aún no encuentre mi lugar, pero seguiré buscándolo. Porque las heridas pueden cambiar a una persona, pero no tienen por qué definir quién será.