Fujigege

(TMB PROXIMAMENTE)
          
          La puerta corrediza de la enfermería se deslizó con un suave zumbido metálico, interrumpiendo los pensamientos de Izuku. El peliverde levantó la vista apresuradamente, esperando ver a un médico o a las autoridades de ese extraño lugar.
          
          En su lugar, entró una joven de cabello blanco y corto, con un uniforme que parecía de instituto, al menos a los ojos de Izuku, adornado con detalles distintivos que gritaban estatus y formalidad académica. Sus ojos, de un frío tono gris, se posaron de inmediato en Deku con una mezcla de cálculo milimétrico y urgencia contenida.
          
          ¿Una... una academia? —pensó Deku, con los ojos muy abiertos por la incredulidad—. ¿En el espacio?
          
          La chica se detuvo a un par de pasos de la camilla, cruzándose de brazos con una postura altiva pero que delataba una desesperación profunda. Era Miorine Rembran.
          
          — Tú —dijo Miorine, adoptando un tono firme, calculador y fingiendo una autoridad calmada que ocultaba su jugada maestra—. Veo que al fin despertaste. Supongo que te estarás preguntando dónde estás y cómo saliste con vida.
          
          Izuku, aún sintiendo el dolor en sus brazos vendados, intentó incorporarse un poco más.
          
          — Yo... sí, la verdad es que... —empezó a decir Deku, confundido por la repentina aparición de la chica y la intensidad en su mirada.
          
          Miorine dio un paso al frente, interrumpiéndolo con elegancia, mientras una sonrisa sutil y peligrosa se dibujaba en el borde de sus labios.
          
          — ¿Por qué me miras así? —preguntó Deku, sintiendo una ligera punzada de incomodidad.
          
          Miorine arqueó una ceja, cruzándose de brazos con una expresión que oscilaba entre el fastidio y el puro interés estratégico.
          
          — Es bastante curioso. No pareces de aquí. ¿Qué eres? ¿Un mercuriano?
          
          Izuku parpadeó, completamente desconcertado por el término.
          
          — ¿Mercuriano? ¿Te refieres... al planeta Mercurio?
          
          Miorine soltó un suspiro corto, rodando los ojos con fastidio.
          
          — Sí, tonto. ¿A qué otro Mercurio me podría referir?
          
          — Yo... yo soy de la Tierra.

Fujigege

(PROXIMAMENTE)
          
          —¿Por qué no conversamos? Sé que tú y yo tuvimos nuestros altibajos... —se burlaba el espíritu maldito justo detrás de Nanami.
          
          La perspectiva cambió, enfocando ahora el punto de vista del propio Nanami. Su mirada cansada vagaba sin rumbo fijo.
          
          —Haibara... al fin y al cuenta, ¿qué demonios iba a hacer? Yo huí... pero regresé, arrastrado por un concepto como la maldita vocación —se lamentó Nanami, con los ojos cristalinos fijos en la nada.
          
          Un escalofrío recorrió su cuerpo al ver la ilusión frente a él.
          
          —No... no puedo, no puedo hacerlo, Haibara... No debo. Esas palabras serán una maldición para Yuji... No, no lo...
          
          Nanami exhaló un último y débil suspiro, girando apenas el rostro hacia donde se encontraba el muchacho.
          
          —Escucha... Itadori... —su voz era apenas un hilo roto.
          
          Desde el fondo del pasillo, con el alma encogida y un nudo indisoluble en la garganta, Yuji logró articular:
          
          —¿Nanami...?
          
          Nanami dibujó una última sonrisa, genuina, desprovista de todo peso.
          
          —Te encargo el resto a ti.
          
          El cuerpo de Nanami comenzó a convulsionar de forma violenta. Su piel se deformó en cuestión de segundos, hinchándose y reventándose en ampollas colosales de carne transmutada que supuraban líquido amarillento y pus, hasta que el límite físico se rompió por completo.
          
          ¡PLOOOF!
          
          Un estallido sordo y húmedo sacudió el aire. Una fuente descomunal de sangre espesa, vísceras trituradas y bilis salió proyectada desde el interior de lo que alguna vez fue Nanami, bañando por completo a Yuji en una cortina carmesí.
          
          El chico quedó empapado de pies a cabeza en un rojo caliente y viscoso, con trozos de carne adhiriéndose a su ropa, coágulos deslizándose por sus mejillas y varios mechones de cabello rubio pegados grotescamente a su frente. Al fondo, Mahito sonreía de oreja a oreja, regocijándose con el llanto desesperado del muchacho mientras este se ahogaba en los restos de su mentor.

Diego4194

No jodas aquí no van con cuento más desarrollo para el gallo 
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Fujigege

El multiverso: un vasto abanico de sistemas, planetas, líneas temporales y posibilidades infinitas. Un lugar donde todo converge, donde todo estalla y donde nada es imposible.
          
          Existen universos donde la paz es solo un mito, y otros donde todo se rige por una única y férrea ley. Pero, ¿qué pasaría si todos esos mundos repentinamente fijaran su mirada en algo... o en alguien? Alguien diferente. Alguien que ha cargado con un peso demasiado pesado, con quien es posible identificarse, comprender o incluso forjar una alianza.
          
          ¿Qué pasaría si pudieran observar cada una de sus batallas y momentos decisivos a través de una pantalla?
          
          ¿Qué pasaría si todos ellos descubrieran, al fin...
          
          ...quién es Yuji Itadori?
          
          (Prox Fic: El Omniverso reaccionando a JJK)