Perdón por no actualizar; mi mente
y mi corazón están dispersos últimamente.
Si quieren saber porqué, pues les diré
cómo se siente un emigrante que tuvo
que dejar su país por razones políticas
o sociales, solo les diré que desde hace
años lo más cercano al cielo y al infierno,
es mi relación parasocial con Venezuela.
Es un amor odio que no terminas de
comprender, odio por como la opresión
y autoritarismos tuvo tanto impacto en
la sociedad a tal punto de excluir a los
suficientemente cuerdos como para no
caer en propaganda, y amor por todos
esos lugares de los que mis familiares
me hablaban. Es la tierra prometida que
no llegó a presenciar las generaciones
qué le sigue al 99' y es la decadencia. Es
saber que el lugar donde crecí ahora solo
vive en mi cabeza, y es entender que se
está mejor lejos, amar tu país de residencia
pero aún así encontrarte en un limbo entre
dónde se nació y en dónde se estableció. Es
haberte quitado el pellejo ayudando con los
desastres de tu país de residencia, pero por
cosas del destino sentirte atada de manos y
querer dejarte las manos ayudando a rescatar
a los que fueron víctima del temblor.
Ciudadano del mundo le decía Albert Einstein.