Acabo de terminar "Los Cuervos cantan presagios" y todavía siento un nudo en la garganta. No puedo explicar la mezcla de emociones que me dejaste: lloré, me enojé, me quebré y al mismo tiempo me sentí acompañado por cada palabra. La historia de Félix y Kalen me atravesó como pocas veces me ha pasado, porque no solo es un relato, es un viaje de esperanza en medio de la oscuridad.
La muerte de Kalen me dolió como si hubiera perdido a alguien cercano. Me enojé porque no quería que se fuera, porque su luz era demasiado necesaria en ese mundo de presagios y desgracias. Pero también lloré porque entendí que su partida no fue en vano: dejó huellas, dejó amor, dejó un legado que Félix supo continuar.
Gracias, Gabianni, por escribir algo tan humano y tan mágico. Por recordarnos que incluso en la tragedia hay belleza, que los cuervos no solo anuncian desgracias, también cantan esperanza. Tu historia me hizo sentir vivo, me hizo sentir vulnerable, y me hizo creer que en medio de la lluvia siempre puede aparecer alguien que nos cambie la vida.
Este libro no se olvida, se queda en el corazón.