Galaeto
Gyha cerró el diario de golpe
—No no… no… —se pasó la mano por la cara—. Yo no leí eso.
Yuriel cruzó los brazos.
—Yo tampoco quiero aceptarlo… pero lo leímos.
Ambas se quedaron en silencio unos segundos.
—¿Entonces Frost es… así de pervertida? —susurró Gyha.
—No lo sé —respondió Yuriel—. Y sinceramente prefiero no volver a abrir esa caja de Pandora.
Gyha pensó un momento… y chasqueó los dedos.
—Necesitamos una experta.
Minutos después apareció Lilith.
—A ver ¿qué tipo de degeneración estamos investigando hoy? —preguntó con total naturalidad.
—Preferiría no describirlo —dijo Yuriel.
—Confía en mí —añadió Gyha—. Es mejor así.
Mientras tanto, en otra habitación…
Myra estaba sujetando a Frost con varias cuerdas.
—¡SUÉLTAME! —protestó Frost—. ¡¿Por qué me están amarrando?!
—Prevención —respondió Myra tranquilamente—. Si descubren algo raro en tus cosas, podrías explotar.
De vuelta en la habitación.
Lilith estaba revisando cajones, cajas, libros… absolutamente todo.
—Nada… nada… nada… —murmuró.
Después de varios minutos suspiró.
—Creo que están exagerando. No veo nada sospechoso.
Cuando estaban a punto de rendirse, Gyha levantó un dedo.
—Espera.
—¿Qué?
—Su ropa.
Lilith giró lentamente la cabeza.
—Oh… ahora estamos hablando el mismo idioma.
Comenzó a revisar el armario.
Camisas.
Faldas.
Chaquetas.
…
Y entonces lo encontró.
—Oh.
—¿Qué pasa? —preguntó Yuriel.
Lilith levantó la prenda.
Era un conjunto de lencería negra.
Las tres se quedaron en silencio.
—Bueno… —dijo Lilith—. Eso no sería raro.
Gyha frunció el ceño.
—Pero el color favorito de Gala es el negro.
Silencio otra vez.
Las tres se miraron.
Lilith dobló la prenda lentamente.
La volvió a colocar exactamente donde estaba.
—No vimos nada.
—No vimos nada —repitió Yuriel.
—Jamás entramos aquí —añadió Gyha.
Las tres salieron de la habitación con calma absoluta.
En el pasillo se escuchó a Frost gritar desde lejos:
—¡¿POR QUÉ SIGO AMARRADA?!
Myra respondió:
—Por si acaso.