Hoy cierro una etapa que marcó profundamente mi vida.
No es una decisión impulsiva; es algo que he pensado y sentido durante mucho tiempo. Las múltiples denuncias, las limitaciones para actualizar y la falta de recomendación del contenido han hecho que continuar aquí ya no sea posible. Con el corazón apretado, me despido de este perfil y de lo que fue El Gato Morado.
Pero antes de irme, quiero detenerme en lo más importante: ustedes.
Gracias por cada lectura, incluso las silenciosas. Gracias por cada comentario lleno de emoción, por cada teoría, por cada mensaje donde me contaban cómo una escena los hizo reír o llorar. Gracias por esperar capítulos con ilusión y por sentir la historia como si también fuera suya. Ustedes le dieron alma a cada palabra que escribí.
Gracias porque, a través de esta historia, no solo crecí como escritora… también crecí como persona. Gracias a El Gato Morado pude conocer gente maravillosa, crear vínculos reales y hacer nuevos amigos que atesoraré siempre. Eso es algo que nadie puede borrar ni quitar.
Gracias por sostenerme en momentos difíciles. Gracias por creer en mí cuando yo dudaba. Gracias por hacerme sentir que lo que escribía importaba.
Esto no es un adiós a la escritura. Seguiré creando, porque contar historias es parte de quien soy y de cómo entiendo el mundo. Por temas de seguridad, no compartiré el nombre de mi próximo perfil, pero tengo fe en que, si las historias están destinadas a encontrarse con ustedes, así será.
Gracias por caminar conmigo hasta aquí.
Gracias por el cariño, la lealtad y el tiempo que me regalaron.
Nos leemos siempre.