Lo prometida es deuda, ya está el primer capítulo de la nueva novela
Y aquí les dejo el prólogo:
Lowell siempre había tenido un talento especial para arruinar su propia vida.
Y no necesariamente de una forma trágica, por supuesto que no. Lo suyo era un poco más… creativo.
Pues si había algo que se podía resolver fácilmente, Lowell encontraba la manera más única de complicarlo con estilo, siempre con estilo.
Porque si vas a tomar malas decisiones, al menos habría que tomarlas con un buen outfit.
Lowell no provocaba problemas, los problemas se sentían atraídos hacia él… como si en su frente y espalda llevara un letrero luminoso que anunciara: “Arruina tu vida aquí” y claro, él nunca decepcionaba.
Nikolai, en cambio, era profundamente decepcionante. No porque fuera malo, sino porque era el tipo de persona que no improvisaba, que no gritaba, que no tomaba decisiones impulsivas a las tres de la mañana. Un concepto completamente ajeno para Lowell, quien consideraba que la madrugada era el horario oficial para arruinarse la vida con entusiasmo y felicidad.
Después de todo, Nikolai tenía tres cosas que Lowell no.
Rutina
Dignidad
Y por supuesto, su virginidad intacta.