No sé cómo decirlo, pero voy al grano. Nunca me ha importado el alcance. Si pudiera, escribiría para un grupo delimitado de diez o quince personas. Prefiero un perfil sobrio a que mis escritos homoeróticos entre personalidades locales sean divulgados en una plataforma que, cualquier día, puede explotar mediáticamente. Cuando algo de lo que escribo es cuestionado, me incomodo rápido y prefiero quedarme entre las sombras. Al fin, cuando te sabes capaz, no encuentras ninguna satisfacción en complacer veredictos ajenos.