Volver a tu cuenta vieja y releer lo que escribiste te derrite el corazón. Te reconforta saber que aún sientes, profundamente en tu pecho, lo que alguna vez escribiste. Te alegra saber que, no importa cuando crezcas, tu pensamiento ha quedado inmortalizado en rimas y textos raros. Y te enamora saber que las más bellas ideas que escribiste todavía las compartes con tu actual identidad.