Cuando se ama a alguien demasiado, el miedo a perderlo es inevitable.
Y al final la razón de su partida acaba siendo nuestra culpa.
Pero no pasa nada, después de todo somos humanos y cometemos errores...No?
Yo llevo muchos años pensando en esa frase.
He crecido, he madurado.
Pero aun así, soy incapaz de aceptar que tal vez no fue mi culpa.
Preguntándome una y otra vez:
—¿Y sí no hubiera actuado de esa forma seguiría a mi lado?
—¿Y sí me hubiera callado?
—¿Y sí tal vez ella hubiera sentido lo que yo sentí en ese momento no me culparía?
Preguntas tontas sin una salida, sin una respuesta. Que me devolvían a la casilla de entrada de un juego sin fin.
Trate de superarlo, retomar mi vida.
Pero siempre lo acababa arruinado todo y por ende terminaba sola de nuevo.
Atrapada en mi mente.
Con recuerdos y memorias que no quería olvidar y añoraba.
Soñando realidades que no ocurrieron. Despertando con un vacío sin fin.
Ese era y es mi consuelo, imaginar cosas que no son reales.
Y así escapar del odio que me tenia a mi misma.
Ya que solo yo sabía quien realmente era, lo había hecho por egoísmo puro.
Por esa razón alejaba a la gente que se acercaba a mi. Por miedo a dañarlas.
Tal vez estar sola era mi destino...mi consuelo...mi castigo.
Pero...
Solo quiero ser libre.
Vivir sin culpa, sin miedo.
Seré capaz de lograrlo algún día?
...ojalá.
Por fin encontré a alguien.
A alguien que amo.
Y me di cuenta que no la necesito a ella, si no a alguien mejor que ella.
Pero...yo nunca seré importante para esa persona por mucho que intente.
Fin.