No te preocupes, Ser Lannister. —respondió con la misma ironía, pero entonces sus propios pensamientos la hicieron detenerse. Recordó las palabras de Syrio, las enseñanzas del Hombre sin Rostro. La ira era un arma peligrosa si no se manejaba con cuidado. Exhaló suavemente, dejando que su expresión se relajara, volviendo a esa calma calculada que había aprendido a dominar—. No creo que ninguno de ellos tenga interés en encontrarse contigo. —continuó, su tono ahora más mesurado, más afilado en su sutileza—. Pero si lo hicieran… —hizo una breve pausa, casi como si midiera sus palabras—. Dudo que salieras caminando. Los lobos… son salvajes, muy poco domesticados.