Hoy se cerró una puerta que estuvo abierta durante más de nueve años de mi vida.
Stranger Things llegó a su final, y siento que no sólo terminó una serie, sino una etapa, un refugio, un faro que me acompañó en silencio mientras yo aprendía a escuchar mi propia voz.
Quiero decirlo con el corazón en la mano: esta historia fue una de las razones por las que empecé a escribir. Me enseñó que lo extraño también puede ser hogar, que la amistad es un acto de valentía, que el dolor no invalida la esperanza y que incluso en la oscuridad más profunda siempre hay una luz que insiste.
Mi historia principal nació bajo esa influencia. Hoy, al ver el final de la serie, me conmovió descubrir cuántas similitudes existen entre su desenlace y el mío. Escenas, emociones, despedidas que parecían hablarnos el mismo idioma. No lo viví como coincidencia, sino como confirmación: las historias verdaderas se reconocen entre sí, aunque no se conozcan.
Gracias, Stranger Things, por abrirme la puerta al mundo de la escritura, por recordarme que imaginar también es una forma de resistir y de amar.
Y a ustedes, mis lectoras, gracias por caminar conmigo. Estoy profundamente conmovida, atravesada por muchas emociones a la vez, pero sobre todo agradecida. Por leer, por sentir, por quedarse.
En unas horas comenzará el 2026. Les deseo un año lleno de historias que les abracen, de valentía para ser ustedes mismas y de esperanza, incluso cuando el mundo parezca del revés.
Nos seguimos leyendo.
Los quiere: su amiga Jane❤️