(Otra vez esa sonrisa vacía...)
(Cree que puede provocarme con ese aire de calma, pero su olor lo traiciona. Beta. Y lo sabe.)
Mantén esa sonrisa, Douma… no te servirá de nada cuando te rompa la ilusión de control que tanto amas.
(Finge fuerza, pero su cuerpo ya reacciona. Cada respiración, cada pequeño gesto, me lo dice todo.)
(No necesito tocarlo para que entienda su lugar. Mi presencia basta.)
¿Lo sientes, verdad? Ese peso en el aire… ese fuego que no puedes ignorar. No es miedo. Es instinto.
(No hay nada más claro que esto: él tiembla por dentro, aunque su boca siga dibujando esa maldita sonrisa.)
(Puedo verlo. Puedo olerlo. Su beta intenta resistir, pero se somete sin darse cuenta.)
Tu mirada me evita, Douma. Eso es lo más sabio que has hecho hoy.
(Podría aplastarte ahora mismo, pero sería demasiado fácil. Prefiero verte entender quién soy.)
(Quiero que lo sientas en cada fibra de tu cuerpo… el poder, la diferencia, el orden natural.)
Levanta la cabeza. Mírame. Eso… así.
(Sus ojos tiemblan. Ese brillo es sumisión pura. Aceptación disfrazada de juego.)
(No lo dirá en voz alta, pero ya lo comprendió. No hay lucha posible entre un alfa y un beta como él.)
Recuerda esto, Douma. No necesitas que te lo repita: este territorio, esta fuerza… me pertenecen.
(No necesito gritarlo. Él ya lo sabe. Siempre lo ha sabido.)