Danhausen camina lentamente por el pasillo del backstage, sujetando con fuerza su capa y mirando fijamente hacia el suelo. Sus pies apenas hacen ruido contra el concreto mientras se aproxima al camerino de CM Punk. Lo ve a lo lejos, exhausto y sudoroso tras la victoria, pero luciendo invencible. Su corazón empieza a latir a mil por hora.
—Hola... Pepsi Man —murmuró con una voz mucho más suave y baja de lo normal, perdiendo por un segundo su tono habitual. Se acercó un par de pasos más, jugueteando torpemente con sus dedos y manteniendo la mirada abajo.
—Yo... E-Estuviste muy bien. Muy fuerte. Muy... victorioso. —tragó saliva y juntó las manos, armándose de un valor que no sabía que tenía. Finalmente alzó la mirada para fijar sus ojos en los de Punk.
—Hay algo más. Llevo tiempo queriendo decirte esto, pero... es difícil. No hay sacos de dinero ni maldiciones que puedan explicarlo. Tú... m-me gustas mucho, Punk. No solo como compañero de equipo. Me gustas de verdad. —antes de que Punk pudiera procesar las palabras o formular una respuesta, Danhausen dio un paso rápido hacia adelante. Rompiendo toda su timidez por un segundo instintivo, se inclinó, cerró los ojos y le plantó un beso rápido pero sincero en los labios.
Casi de inmediato, se echó hacia atrás bruscamente, dando tres pasos de distancia. El rubor es imperceptible bajo el maquillaje blanco, pero su postura lo delata por completo, se encogió de hombros, se cubrió la parte inferior del rostro con la capa para esconder la vergüenza y se quedó congelado en el sitio, mirando a Punk a los ojos con absoluta incertidumbre, esperando desesperadamente saber qué va a decir.