@EditorialVersalles
Buenas tardes, gente bella.
Escribir Flor del Pensamiento fue un desahogo de mi alma. Esa historia marcó un antes y un después en mí, porque fue lo que me impulsó a adentrarme de lleno en este mundo tan bello que es la escritura.
Es una historia que nació casi de la nada; brotó de sentimientos y pensamientos que me desbordaban, llevados de la mano con una de mis distracciones favoritas: los juegos, especialmente los postapocalípticos.
La trama fue cambiando durante su desarrollo. Sabía cómo quería que terminara, pero no tenía del todo claro cómo llegar a ese final. A medida que escribía, la obra fue tomando vida propia, como si me pidiera el rumbo que debía seguir, encontrando ese ritmo ligero que le dio su toque especial.
Creo que lo más difícil fue no arrepentirme del final. Sabía que podía dolerme, no solo por la trama, sino por despedirme del mundo que había creado y del que me enamoré, aun siendo su creador.
Cuando la empecé, no imaginé que también terminaría cambiándome a mí. Saber que de mis dedos nació algo capaz de conmoverme fue un sentimiento irrepetible.
¿Cambiaría algo de la obra? Sí y no. Quizás me gustaría extender aún más su ambientación y sus descripciones, pero siento que su magia está en su simpleza y ligereza. Modificarla ahora sería arriesgar el brillo que la caracteriza.