Holas, mi gente. Les traigo un pequeño adelanto del capítulo nuevo:
Abrió el cajón del escritorio en búsqueda de sus supresores, pero solo encontró una caja vacía. Maldijo en su lengua natal antes de levantarse para ir a su habitación. El olor lo golpeó antes de que la puerta se abriera. El Omega. Esa fragancia cálida y peligrosa que lo hacía perder el control.
Checo apareció en el umbral, vestido aún con una camisa holgada y los pantalones del pijama. Cruzó los brazos, arqueando una ceja
—¿Otra vez trabajando hasta tarde? Te vas a matar así.
Max levantó la vista. Sus ojos, normalmente fríos, brillaban de un azul intenso y febril. El neerlandés se obligó a mantener la calma, aunque cada músculo de su cuerpo pedía lo contrario.
—No podía dormir.
Checo frunció el ceño. Avanzó unos pasos, acercándose al escritorio.
—No tienes buen aspecto. Estás pálido… ¿te duele algo?
El Alfa se levantó de golpe. La silla rechinó al empujarse hacia atrás. Max lo rodeó con la mirada fija, como un depredador a su presa.
—No te acerques tanto… —la respiración del Alfa era irregular.
—Lárgate de aquí antes de que te arrepientas —Max habló con voz temblorosa.
Checo se detuvo, confundido por el tono grave, casi amenazante.
—¿Qué demonios te pasa?
El aire entre ambos se volvió espeso, cargado de feromonas. Checo lo sintió, ese calor pesado que lo envolvía desde la piel hasta los huesos. Sus ojos se abrieron con sorpresa.
—Max… estás en celo.
El Alfa dio un paso al frente, acortando la distancia hasta acorralarlo contra el borde del escritorio. Su respiración era profunda, contenida a duras penas
—Lo intenté controlar… —murmuró con voz ronca
—Pero contigo aquí es imposible.
Checo tragó saliva, luchando contra la oleada de sensaciones que lo invadían. Su instinto gritaba peligro y atracción al mismo tiempo.