Me siento vacía.
No logro comprender lo que sucede a mi alrededor, no logro percibir las cosas positivas de mi entorno, no logro ver lo bueno que me rodea. El mundo se esta volviendo gris a mi alrededor, el color cesa rápidamente mientras siento como mi corazón es rasgado lenta y dolorosamente. Tras cada herida, un montón de sal escoce allí, como si algo no deseara dejarme sanar, como si alguien me impidiera seguir adelante. Siento que todos me miran, que todos notan cada asquerosa gota de sangre que brota por mi cuerpo. Escucho risas animadas al notar cada error minimo que cometo, como me señalan felices al verme fracasar constantemente. Puedo sentir todo y a la vez no sentir nada.
Cada recuerdo alegre se volvió una arma filosa que marca lenta y dolorosamente cada parte de mi ser, siento como mi llanto inunda mis agotados ojos, como un nudo se forma en mi garganta, impidiendo aún más que exprese el daño que cada cosa me hace.
Miro al cielo y suplico silenciosamente por ayuda, suplico desaparecer para siempre, ser libre y no seguir atada a este inmundo tormento.