El eco de su consciencia lo mantenía en una eterna vigilancia... Los bosques de sus pensamientos lo perdían entre las raíces de la realidad y lo inútil y patético que le parecía su existencia contra las adversidades, peligros y la maldad de sus semejantes. Tenía la oportunidad de recostar su cabeza en las quebradizas hojas de los árboles que se habían extendido sobre el suelo frio en diversos tonos que variaban desde el rojo, naranja hasta el dorado y amarillo más brillantes, imitando un otoño por alguna razón que desconocía; tenía la oportunidad de acurrucar su cuerpo al lado de un árbol fingiendo que su corteza y raíces lo abrazaban creando en su mente un refugio perfecto pero por más confortante que sonará... El sabía que ignorar no cambiaría la realidad... Nada detendría el hecho de que nuevos sucesos seguían ocurriendo afectando su vida directa o indirectamente y el mismo no podía aislarse de la vida, no cuando su intención era vivir y proteger... Pero se sentía tan débil ante la autoridad y el poder excesivo de aquellos que juraron defender los derechos y la paz y solo ahogaron las voces.
El otoño de su mente se volvería invierno... La primavera se ha quedado atrás... Es joven y el mundo ya le desecciona sin haber vivido y experimentado lo suficiente. No hay mucho que espere pero sabe que crear un refugio no es la respuesta... Luchar tampoco le parece una opción acertada sin embargo la vida es una contienda algunas veces y el como un fiel espectador de la misma un día se encontrará cara a cara contra un digno adversario; tal vez nada sea justo en ese momento... Mientras las hojas se borran en sus recuerdos... Un cielo gris le recuerda que nada es eterno...
Quiere que las nubes por fin suelten su agua y la cortina de lluvia se precipite hacía la tierra cubriendo todo el lugar. Sentir las gotas caer sobre su cuerpo, resbalar por su piel y pensar... "Creer" que eso bastará para sanarlo.