Perdón a quienes les prometí no hacerlo.
Mi piel grita ansiosa por sentir una navaja rasgándola, y ser bañana con mi tibia sangre brotando de la herida.
Mi estómago ansía por estar vacío durante días, sólo recibiendo agua o té.
Mi garganta exige sentir el vomito de lo poco que como al subir, dañando todo mi tracto a su paso.
O quizás no.
Quizás lo deseo yo.