—Hay algo, dulzura. Existe algo que nunca has confesado.
Los ojos del militar se tornaron de azul profundo, deseando ingresar a la mente de su esposo y buscar esa valiosa información, pero que a pesar de todos esos años simplemente no lograba obtener.
Sergio se dejó observar llevando sus manos a la del militar y permitió que ese dedo sobre sus labios continuara ahí durante el tiempo que Max quisiera no sin aprovechar la oportunidad de dejarle un pequeño beso, el cual generó serotonina ante el tierno y poderoso gesto.
—Pregunta lo que quieras —liberó manteniendo la voz tersa—. Si quieres que te descubra el universo, entonces lo haré.