Al fin, después de casi dos años, finalicé mi fanfic Heather con un total de 42 capítulos.
Sinceramente, me siento un poco nostálgica, recuerdo lo que sentí cuando la idea llegó a mi mente: necesitaba hacerlo, necesitaba escribirlo.
Un Shiaipouf dramático, sensible.
Un Shiaipouf donde podía, sin límites, plasmar ese lado oscuro del alma que no es posible exhibir de una manera... “común”, sin ser juzgado.
Para mí, Shiaipouf es... es una de mis caras.
Es más que un personaje.
Es mi alma desnuda.
Escribirlo no fue complicado, las palabras fluían en cada capítulo y podía desarrollarlo todo fácilmente. Todo lo que no podía decir, lo gritaba Shiaipouf.
Tal vez no ha sido la mejor historia... Sé que no lo es, es mala y carece de múltiples elementos, pero aún así... Se ha ganado un gran cariño en mi corazón.
¿Y cómo no? Si es un diario de mis madrugadas más solitarias, dónde mi cabeza no lograba callarse y gritaba preguntas como “¿Qué me faltó? ¿Por qué ella sí y yo no?” y anhelos vagos como “Quisiera ser ella, parecerme a ella, tener su delicadeza, su feminidad”.
Terminar de escribir Heather ha sido complicado, si pudiera, cambiaría el final y el desarrollo de la historia: lo ampliaría y narraria mejor pero... He cambiado. No soy la misma ahora. Mi visión ha cambiado y siento que he cerrado una etapa de mi vida donde mi sensibilidad está dejando lo absurdo y dramático.
Si tratará de hacerlo (editar la historia) tal vez perdería ese toque de adolescente perdida, sin saber expresarse en plena madrugada.
En fin. La persona que me hizo escribir Heather ahora... sigue conmigo, no de la misma forma, no con el mismo anhelo genuino, sigue ahí, pero nunca volverá a ser lo mismo.
Y... La persona que me animó a finalizar Heather, pues, no la he leído desde hace tiempo, pero supongo que ahí está. Mi lectora más fiel y la mejor que pude haber tenido a lo largo de ésto; su apoyo (hasta el emocional) ha significado muchísimo para mí.
El cariño es inmenso.
Gracias.