Cuando alguien sufre abuso constante, a veces el cerebro se adapta de formas muy extrañas para sobrevivir. Si el abuso cesa de golpe, en lugar de sentir alivio, la víctima puede sentir vacío, ansiedad... Nostalgia. Porque el caos era lo único que conocía. Porque el dolor era su rutina. Porque, de alguna forma retorcida, el abuso le daba un lugar en el mundo, aunque fuera el más bajo.