Hoy quiero hacer una pausa entre historias, capítulos y palabras para hablar de algo que nos toca a todos: nuestro país.
Mi Cali bella… hoy te abrazo desde la distancia.
Abrazo a cada familia que sintió miedo, a quienes tuvieron que salir de sus casas, a quienes todavía esperan noticias, a quienes hoy miran los daños intentando asimilar lo que pasó.
Y abrazo especialmente a quienes están pasando por esto de una manera mucho más difícil. A quienes perdieron cosas, a quienes tienen miedo de volver a sus hogares, a quienes están separados de sus familias y a quienes hoy necesitan una mano amiga.
Porque Colombia es eso también.
Cuando una ciudad tiembla, todo un país debería aprender a sostenerla.
Hoy no importa de qué ciudad somos, qué pensamos, qué creemos o qué diferencias tenemos. Hoy somos colombianos. Y detrás de cada edificio afectado, de cada familia preocupada y de cada persona que está pasando miedo, hay una historia, una vida, alguien que ama y alguien que espera volver a sentirse seguro.
Mi corazón está con Cali, Pereira, Manizales, Medellín, Chocó, con sus familias y con cada persona afectada. ❤️
Y mientras podamos, ayudemos. Preguntemos por los nuestros. Compartamos información responsable. Tendamos una mano. Oremos. Acompañemos.
Porque hay momentos en los que las palabras no pueden reparar una pared ni devolver la tranquilidad de inmediato… pero pueden recordarle a alguien que no está solo.
Hoy quiero quedarme con las palabras de Isaías 60:
“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz.”
Que esa luz alcance a cada familia que hoy tiene miedo.
Que Dios dé fortaleza a quienes están ayudando.
Que dé calma a quienes todavía tiemblan por dentro.
Y que nuestro país vuelva a levantarse, una vez más, de la mano de unos con otros.
Cali, mi Cali bella: estamos contigo.
Colombia: estamos contigo.
A cada persona afectada: no están solos.
❤️ Que Dios bendiga y sostenga nuestra tierra.