Antes de ver el final, quiero dejar una pequeña reflexión de My Hero Academia en mi vida:
Sin importar los dones que Dios, la vida, el universo te hayan concedido... Existe un superpoder mayor al que pensamos, uno magistral y que permanece invisible ante la normalidad del mundo, que en medio de cada catástrofe, grande o pequeña, es la muestra más sincera de brillo dada por la realidad misma, quién siempre encuentra la manera de compartir su esplendor a cada individuo. Todos podemos hacer, todos queremos ser importantes, de nuevo, en medida grande o pequeña, pero no todos van a ser la diferencia. No todos van a ser la mano que se extienda en tiempos de crisis o el abrazo mudo qué se quede en la tempestad, pocos serán los que quiera compartir y ser luz juntos o llorar mientras pasa la tormenta.
Yo tampoco he tenido todas las cartas desde el inicio, y apenas he aprendido a jugarlas. Sin embargo, Deku me enseñó que no es sobre quién eres o de dónde vienes, es a lo que vas y qué puedes hacer por una alma, un corazón.
Bajemos nuestros egos, alzemos nuestros puños, nuestra aventura continúa. No dejemos nada por sentir, la clase A tocó corazones desde las pantallas y ahora nosotros podemos esparcir la misión.
Ganar para salvar, salvar para ganar.
Gracias por todo My Hero Academia, un animé que me salvó, y me enseñó que no sólo puedo ser algo, sino significar algo para alguien, así cómo muchos me han inspirado una vez.