Cambiaría mi cuerpo con el de algún muerto, para que viva entre risas la vida que yo vivo entre lamentos, para que exista alguien que sí encaje donde yo fallo, alguien que respire sin quedarse a medias, que piense sin romperse, que no tenga que sostenerse a sí mismo todo el tiempo, porque yo no lo logro, no del todo, no como debería, respiro pero no alcanzo, pienso pero no encajo, existo pero no soy suficiente, y por eso cambiaría, sin pensarlo tanto, porque pensar es precisamente lo que me tiene así, atrapada en algo que funciona a medias, en un cuerpo que sigue y una mente que se queda atrás, o al revés, nunca al mismo ritmo, nunca en paz, y entonces yo volvería a donde pertenezco, a un hueco entre la tierra húmeda, donde mi cuerpo y mi cerebro por fin vayan a la par, donde muerto esté mi cuerpo y muerto esté mi cerebro, donde muertos estén, por fin, mis pensamientos, porque tal vez solo así dejaría de ser esto, esto que intenta ser alguien y no lo logra, esto que se queda a medias, siempre a medias.