Buenos días, señor Ian Fanfics. Ya ha pasado un buen tiempo desde que subió una nueva historia y, como no ha dado señales de vida, me propuse reescribir y editar uno de sus fanfics. Espero que sea de su agrado. Si no le gustó, me gustaría que me lo dijeras. ## PRÓLOGO
Hola, mi nombre es Arthur. Aunque mi vida anterior fue la de Joel, aquí soy Arthur, el Monarca de las Sombras. Solía ser un chico común, aunque mis intereses en los videojuegos dificultaron hacer amigos. Mis ojos se nublaban al recordar mi primera consola, ese regalo de mi difunto abuelo. Estos juegos se jugaban conectando una consola dedicada al cerebro a través de una nanointerfaz neuronal, una red de nanocomputadoras intracerebrales, creada a partir de la fusión de la cibernetización y la nanotecnología.
Estos juegos permitían a uno entrar a esos mundos virtuales y protagonizarlos como si fuera en la vida real. Horas interminables en Super Mario World, donde el salto de Mario sobre abismos verdes me hacía olvidar el mundo gris afuera. Donkey Kong Country me transportaba a junglas pixeladas, lejos de la realidad donde la diversión y la frustración se mezclaban como el humo de las fábricas. Star Wars en esa misma máquina, con sus láseres y explosiones, me hacía sentir un jedi, aunque solo fuera por un rato. Cada partida era un escape, un pulso de vida en un cuerpo que se agotaba como el de todos en esta era de trabajo eterno.
El teléfono vibró, un zumbido sordo que me sacó del trance. Era un mensaje de la empresa: "Turno extendido. No regreses hasta las 0400". Suspiré, el peso de la fatiga presionando mis hombros.
Mi padre había intentado advertirme, su voz ronca por años de turnos dobles, pero yo ya estaba perdido en los mundos virtuales. Ese regalo que llegó como un salvavidas abrió puertas a universos más vastos.