Losfurrossoneternos

@silverbodrio: Angelo: jaja buena suerte limon viviente con el erizo azúl, soy libre!!!

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El Callao amanecía siempre igual: un cielo bajo, húmedo, que parecía apoyarse sobre los hombros de la gente. Peña lo sentía así esa mañana, como si el aire tuviera peso y nadie se animara a decirlo en voz alta.
          
          Isaac no había venido a clases.
          
          No era raro. O al menos, no lo era para Isaac. Pero esa vez había algo distinto. Peña revisó el aula dos veces, como si pudiera habérsele escapado entre los cuerpos, escondido detrás de alguna mochila o de su propia ironía. No estaba. Tampoco había llegado tarde, que era casi su forma habitual de llegar.
          
          Durante la mañana, Peña intentó convencerse de que no significaba nada. Isaac siempre decía que la escuela era un trámite inútil, un pasillo largo hacia ninguna parte. Se burlaba de todo: de los profesores, de los compañeros, del futuro. De la muerte hablaba con una ligereza que a Peña le incomodaba, como si fuera una broma privada que nadie más entendía del todo.
          
          Y sin embargo, con él era distinto.
          
          Isaac no afilaba tanto las palabras cuando hablaba con Peña. A veces incluso parecía cansado de ser ácido, como si sostener ese personaje le doliera más de lo que admitía. Peña lo notaba en los silencios, en cómo dejaba las frases a medio terminar, en esa manera de apoyarse contra la pared como si el cuerpo le pesara demasiado.

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Ese día, sin Isaac, la escuela se volvió más ruidosa. Demasiado. Peña pensó en escribirle, pero no lo hizo. No quería parecer ansioso. No quería admitir que le preocupaba.
            
            Pasaron los días.
            
            Isaac no volvió.
            
            Peña empezó a reconstruirlo en su cabeza: las bromas dichas como quien lanza una piedra y se esconde, la forma en que hablaba de irse a trabajar apenas pudiera, de no depender de nadie, de “no deberle nada a este lugar”. Recordó también lo que Isaac nunca decía del todo: el padre, la casa tensa, el maltrato disfrazado de disciplina, la obligación constante de endurecerse.
            
            Cuando por fin se encontraron, fue fuera de la escuela. En una esquina húmeda, con el suelo todavía oscuro por la garúa. Compartieron un rato corto: un cigarro, una broma torpe, el silencio. Peña habló más de lo habitual, como si quisiera llenar el espacio que Isaac había dejado.
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PUAJ ANAJAJAJAJAJAJAMAAJAHAJA AAAAAAA
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zarreb9l

A pesar de tanto trompesones sienpre junto nos caemo y nos levantano sienpre luchando los 2

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@zarreb9l  reocnoce q este latido nks emeinte lasitma q sea ask es el jeugkdel amor cuantk ma sparece firme un castillls edrrumba de dolor estas llorando y no haces nadaaaaa por pertondar a nadje excepto a a ti extrchez de amoregoisextrechez de raozn nome miras oye no voy a aguantar
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