Conversaciones de madrugada Con Lu.
Dia 1:
“Mejor es el fin del asunto que su principio; mejor es el paciente de espíritu que el altivo de espíritu.”
— Eclesiastés 7:8
Hay días en los que uno se despierta con la sensación de ir tarde en su propia vida. No es que pase algo grave, simplemente miras alrededor y sientes que deberías estar más adelante, más estable, más tranquila, más “lograda”.
Y aunque no lo digas en voz alta, la idea aparece igual: no estoy haciendo suficiente, no soy suficiente.
Lo curioso es que Dios nunca parece apurado cuando yo sí lo estoy. Mientras yo me comparo, Él observa en silencio. Mientras yo me reprocho ir lento, Él ve cosas creciendo donde yo solo veo vacío. A veces creemos que avanzar es correr, pero Dios trabaja más como quien siembra, sin ruido, sin espectáculo, con paciencia.
Jesús nunca trató a nadie como un proyecto atrasado. Caminó con personas confundidas, inseguras, tercas incluso, y aun así no las empujó ni les exigió resultados rápidos. Se quedó. Esperó. Y eso dice mucho del corazón de Dios, porque si Él no corre conmigo, ¿por qué yo sí?