Te amé.
Te amé con intensidad... con entrega, con pasión. Te amé con deseo, con ternura, con un respeto que a veces me faltaba a mí misma.
Te amé incluso cuando tú ya no me amabas.
Te amé cuando tus abrazos eran fríos, cuando tus ojos ya no buscaban los míos.
Te amé, incluso en mi silencio.
Te amé con una fuerza que no sé si volveré a sentir… y con una profundidad que no se puede explicar con palabras.
Pero hoy…
Hoy no te lloro.
Hoy no te espero.
Hoy no me rompo.
Porque te amé tanto, con todo, sin reservas,
que ahora que no estás... me estoy encontrando a mí.
Estoy aprendiendo a amarme como alguna vez te amé a ti. Y a amar, también, la forma en la que sé amar... intensa... leal.
No me arrepiento.
No me culpo.
No te extraño.
No te lloro.