Una sonrisa se había formado en sus labios, satisfecha y un tanto feliz por el buen recibimiento de aquella medalla por su parte. Claro, Pilar no contaba con que Martín siempre tenía que decir la última palabra, así que su tierna expresión se transformó en un ceño fruncido acompañado de sus brazos en jarra.
❀ ̭͡ ◌┈┈─── ¿Es que acaso no leíste lo que pone? Es un mensaje especial, un regalo por darme de comer casi todos los días. / un resoplido resonó de ella, dándole un golpecito en su frente en claro gesto de disconformidad con él.
❀ ̭͡ ◌┈┈─── Deja de quejarte, rubio de bote. / sus palabras fueron acompañadas por una risa, una contradicción absoluta a la actitud que había demostrado segundos atrás. ¿Pero quién la juzgaría? Le estaba ofreciendo un delicioso desayuno a fin de cuentas, el enfado podría hacerse esperar.
Haciendo caso a su señal, la fémina tomó asiento y uno de los mates que había en la mesa. Aún le parecía curioso que casi siempre, la mesa estuviera puesta con comidas y bebidas para dos, pero no preguntaría; ella era igual cuando le tocaba recibir su visita. A pesar de siempre burlarse del mate, Pilar era una gran amante del que preparaba el muchacho, aunque jamás sería capaz de reconocerlo.
❀ ̭͡ ◌┈┈─── Y dale con lo mismo. No me molesta que me llames galleguita, pero es que yo soy del sur, no como Antonio. / rodó los ojos, tomando otro sorbo. ❀ ̭͡ ◌┈┈─── Eres un pesado de primer nivel, porteño.