Hoy, como mujer, me tomo el derecho y la libertad de expresión para hablar de un tema que inquieta a muchas mujeres, incluyéndome.
Realmente no puedo creer que haya tantas mujeres que no logren ver la importancia de la lucha por nuestros derechos. Una lucha que lleva siglos. Una lucha que nos dio el derecho al voto, la libertad de vestir como queremos y de expresarnos como deseamos. Sin embargo, hoy hay mujeres que parecen olvidar todo aquello por lo que sus antepasadas lucharon.
Quizás hoy existan dos formas de entender el feminismo: una que busca preservar los derechos conquistados y defender aquellos que aún pueden estar en riesgo, y otra que, desde mi punto de vista, busca obtener poder sobre el hombre. Esa diferencia es importante y no debería ignorarse.
Es triste ver videos de mujeres en Afganistán que ni siquiera tienen derecho a ser vistas o a vivir con libertad y, al mismo tiempo, encontrar mujeres que promueven la idea de que el lugar de la mujer debe ser únicamente el hogar, mantenida por un hombre. Más triste aún es ver que algunas llegan a juntar firmas de otras mujeres para renunciar a derechos tan fundamentales como el voto, un derecho que, como ya dije, fue conquistado gracias a la lucha y al sacrificio de muchísimas mujeres.
Esta mujer, Erika Kirk, para quienes no la conocen, tiene varias empresas y no depende económicamente de ningún hombre. Aun así, promueve ideas que, en mi opinión, socavan derechos que otras mujeres conquistaron antes que ella. Resulta paradójico pensar que, si aquellas mujeres no hubieran luchado, hoy ella probablemente ni siquiera tendría la posibilidad de expresar públicamente sus ideas.
Me siento enojada, frustrada y con miedo. Tengo miedo del futuro. Siempre imaginé que algún día tendría hijas, pero hoy ese deseo se mezcla con el temor de que ellas puedan crecer en un mundo donde derechos que costaron siglos de lucha vuelvan a ponerse en duda. Esa posibilidad me duele profundamente.