Pero, ¿Y el sentimiento?
Yo nunca podría olvidar a la abuela que me consentía, que me llevaba a comer helado a escondidas, que me dejaba correr y ensuciarme de barro bajo la lluvia con mis primos, que colocaba una tela especial sobre mi cama para que durmiera sin que los insectos me picaran, que tuvo la confianza de contarme cosas sobre su pasado que nadie más sabía, que viajó a otro país sólo para visitarme a mí y a mi madre, que sin querer golpeé con una bola de nieve en la oreja, que me ayudó a hacer un muñeco de nieve con masa de arepa..., y fundamentalmente, que me quiso incondicionalmente sin importar mi mala actitud.
Y es que no puedo decir con seguridad si fui una buena nieta..., pero ni por un segundo tengan dudas de que ella fue la mejor abuela.
Sara Lainette, el ángel que fue mi abuela, era la mejor abuela.
—Mimi.